por mjrodriguez » Vie May 08, 2009 12:18 pm
Cuando uno tiene un conocimiento técnico-científico en algún tema, ocurren dos cosas: (yo creo que en este aspecto psicológico del profesional deben trabajar más todas las universidades y escuelas)
1. Si soy el protagonista, me creo un duro y normalmente no me gustaría que un expectador me corrija, sobre todo si no sé quién es o que hace, mientras esto ocurre, como dijo Netburn, adiós V2 y nada que hacer.
2. Si soy el espectador, no tengo tiempo de darme cuenta de las consecuencias, porque seguro ya me he infartado del susto antes de que se estrelle el avión.
Lo mismo pasa en medicina. Recuerdo dos casos que me marcaron
1. Ocurrió hace más de 10 años. En ese entonces soy estudiante de último año, estoy en rotación de gastroenterología. Estamos presentes en la sala de procedimientos: mi profesor, una instrumentadora, una auxiliar, un paciente con ascitis (acumulación exagerada de líquido y proteinas en el abdómen) por cáncer hepático y yo. Luego de los procedimientos de asepsia, procedo a insertar un cateter Nº 16 en el flanco izquierdo, verifico el retorno y conecto el colector para descomprimir la cavidad abdominal. Pasan dos minutos y dreno dos litros y medio. A los cinco minutos llevo 6 litros y a los 10 minutos llevo 10 litros. Pido autorización a mi profesor acerca de retirar el cateter para evitar un shock por disminución de proteinas en el paciente. La respuesta fué "llevo 25 años haciendo lo mismo y no me va a enseñar cómo manejar un paciente: Nunca he tenido un paciente shockeado". El procedimiento continuó contra mi voluntad, no sin antes discutir científicamente mis motivos, se impuso la jerarquía sobre la razón y completamos 15 litros. El paciente sufrió un paro cardio-respiratorio. Afortunadamente teníamos todos los implementos, el entrenamiento y los conocimientos teórico-prácticos para poder manejar en equipo la emergencia y logramos recuperar al paciente. Luego de esto, mi profesor no volvió a mirarme a los ojos. Mi profesor ya no está con nosotros, lo recuerdo como un excelente profesional egresado de la Javeriana, que me enseñó más por este error que por toda la información que tuvo a bien generosamente compartir conmigo en mi proceso formativo. Paz en su tumba.
2. Año 2.003. Recibo una oferta para laborar en el hospital Oracio Oduver, en Orangestad, Aruba. Estoy evaluando las cosas para ver si valía la pena viajar o si daba lo mismo quedarme en Colombia. Llego a mi casa luego de un viernes de rumba como a las 3 am, mi madre se levanta porque hice mucho ruido. Se me acerca y me dice, "me siento mal..." y se desploma. Los seis whiskys se evaporaron de mi torrente sanguíneo enseguida!! Instalo el elecrocardiógrafo portatil y confirmo un infarto del miocardio anterior extenso. Inicio maniobras de reanimación, llamo a mi hermano para que saque mi carro, inicio algunos medicamentos en dosis agresivas, llevamos a mi madre a la clínica y por el camino hablo con el jefe de la UCI, ¡HAY CUBÍCULO! Una vez ingresa, debo apartarme y confiar ciegamente en lo que mis colegas hacían, mordiéndome la lengua para no opinar, no estorbar, ni desviar el análisis profesional del caso con mis opiniones sesgadas y en ese momento, carentes de objetividad. Ha sido el momento más duro de mi ejercicio profesional. Mi madre está por cumplir 72 años y hace deporte todos los días, no le quedaron secuelas del evento cardiovascular.
Moraleja: en ambos ejemplos,
Caso 1: No hay que confiarse demasiado en la experiencia, al punto de convertir un procedimiento de rutina en un hecho doloso o culposo.
Caso 2: Hay que saber evaluar con madurez cuando debemos apartarnos de los procesos para no interferir con desiciones cruciales, así tengamos los conocimientos para hacerlo.
En el caso del avión de LAPA, creo que ninguno de estos dos preceptos fueron tenidos en cuenta por un equipo de profesionales, ni por la aerolínea. Ésto los llevó a la muerte.
Debemos confiar en los profesionales.
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mjrodriguez el Vie May 08, 2009 1:11 pm, editado 1 vez en total