Amigos, en un blog sobre Bucaramanga, encontré el siguiente texto... es largo pero interesante y describe muy detalladamente el accidente y su entorno geográfico y temporal. Aclaro que cuando ocurrió este accidente, a duras penas mis papás tenían como 9 años cada uno, así que no estaba ni en los pensamientos de ellos...
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Bucaramanga, Domingo 17 de octubre de 1965.
Si vivió en Bucaramanga en esa época ¿Se acuerda que hizo ese día? Aquí le ayudamos a recordar. Si no había nacido aquí encontrará una historia interesante.
En esa mañana, aún en pijama me dedico a organizar una serie de revistas para botar a la basura, como siempre termino leyéndolas y no acabo el trabajo. Leo que en Colombia, el presidente Guillermo León Valencia ha metido de nuevo la pata, que siguen los problemas en Marquetalia, y que el ELN ha se tomó Simacota, que el Cura Camilo pasó por la ciudad dictando conferencias, que no se sabe donde está el Che. En Vea Deportes, que en la Vuelta a Colombia Javier Suárez ha vencido al aparentemente invencible Cochise Rodríguez, y que la etapa que llegó a Bucaramanga la había ganado el ciclista Santandereano, Severo Hernández. Colombia había ganado el campeonato mundial aficionado de Béisbol con José Miguel Corpas y sin Cuba ni USA.
Encuentro avisos de la radio invitando a los programas de Hebert Castro, de Víctor, Mario y Augusto; los ‘Chaparrines’, la Escuelita de Doña Rita y Montecristo. Que el Album ‘Help!’ de los 'Beatles' está en el número 1. Y acaban de lanzar al mercado el sencillo "Yesterday", en contraste los Rolling Stones tienen sonando una pegajosa canción llamada '(I Can't Get No) Satisfaction', que mi papá imita diciendo “Saque el queso”. En cartelera de los cines se han exhibido en funciones de Matinal, Matineé, Vespertina y Noche, ‘Operación Trueno’, Giulietta de los espíritus, ‘El espía que surgió del frío’, ‘Born Free’, ‘Una pistola para Ringo’, ‘Flint, agente secreto’, ‘El regreso de Fu Manchú’, ‘Repulsión’ y ‘El coleccionista’. Veo los anuncios de los estrenos en la televisión gringa de las series ‘Perdidos en el Espacio’ y ‘El Agente 0086’, en Colombia por el único canal nos toca ver ‘Hechizada’, ‘El minuto de Dios’, `Bonanza’ y ‘Los Picapiedra’. Y el Atlético Bucaramanga como siempre y como nunca, claro que el mes anterior la gresca había estado tan fuerte, que detuvieron a Castronovo del América.
Me voy mimar mi pereza en mi cama y escucho pasar una avioneta. Me asomo a la terraza de la casa que mira al oriente, observo los pajonales de la colina de Cabecera de Llano, a la izquierda la Casa del Diablo, a la derecha en segundo plano el Cerro de Pan de Azúcar, se alcanzan a leer unas letras en su costado ‘P de A’ (Pendejadas de Armando, dicen los chistosos). Observo las coloridas tiras cómicas dominicales y me quedo medio dormido. En la cama del al lado dormita mi hermano.
Cerro de Pan de Azúcar y barrio Terrazas de Bucaramanga, en los años 60s.Durante la Segunda Guerra Mundial, se construyeron miles de aviones DC-3, el caballito de carga aérea de los aliados, conocidos también por su nombre militar C-47 o Dakota. Después de la guerra esta material sobrante se vende por todo el mundo lo cual dio un gran impulso a la aviación Civil.
En 1941, se inició la construcción del Dakota identificado con el número de serie 38723 y se asignó al entonces Ejercito del aire, USAAF el 28 de diciembre de 1942. En marzo de 1946, ya terminada la guerra pasó al servicio civil con el registro C-118, posteriormente recibió la Matrícula HK-118 y entró al servicio de la Aerolínea Colombiana Avianca, en donde fue convertido en Hiper DC-3, que era como una repotenciación de motores, como que le chantaban motores de DC-4. Con un sonido impresionante.
Si el DC-3 fue el camión de los cielos, la avioneta Piper Cub, era el Jeep del firmamento. Una nave barata y de fácil mantenimiento, que si bien no se construyó en las cantidades del DC-3, también tuvo su origen en las guerras donde sus antecesoras servían para reconocimiento cercano y observación de artillería; en la vida civil servían de entrenamiento, transporte personal y recreación. A Bucaramanga había llegado varios de ellos, uno era el Piper Pa-18A Super Cub 150 HK-922P, que esa mañana se desplazaba lentamente sobre el cielo de la ciudad, el joven Víctor Manuel Alarcón iba solo en su cabina. En el mismo cielo mañanero avanzaba el Hiper DC-3 HK-118, al mando del también joven piloto Enrique Vesga, junto con dos tripulantes y dieciséis pasajeros. Había decolado de Bogotá y aterrizaría en el Aeropuerto Gómez Niño, en lo que ahora es la Ciudadela Real de Minas.

Dicen quienes los conocieron que ambos pilotos tenía la costumbre de sobrevolar la zona oriental de la ciudad y saludar a sus seres queridos. Esta costumbre los llevaría en ruta de colisión.
El primer avión que aterrizó en Bucaramanga lo hizo en el sector del Conuco, en donde se había librado una de las refriegas del Combate de Bucaramanga en 1899. Luego existió un aeropuerto de Scadta en los predios que hoy forman parte del Batallón Ricaurte. Luego se construyó el Gómez Niño en el llamado Llano de los Ordóñez.
Hasta 1974 el aeropuerto Gómez Niño estuvo en servicio. Aparece en los recuerdos como sacado de una película antigua, la primera terminal es un edificio de características arquitectónicas suficientes para ser considerado patrimonio (hoy sede del Área Metropolitana). Posteriormente, donde funciona el INURBE o ICT, estuvo la Terminal Aérea de Pasajeros que era un poco más amplia. Se podía decir que el aeropuerto estaba en el centro de la ciudad.
El aeropuerto tenía varias pistas, pero solo se usaban dos, que se cruzaban perpendicularmente entre sí. Una en sentido norte a sur (lo que hoy es la Calle Real) y la otra, claro de oriente a occidente (Hoy avenida de los Búcaros). Por la primera generalmente aterrizaban los aviones que aparecían en el horizonte a la altura de Ruitoque. Y por la segunda decolaban pesadamente rumbo al occidente, hacia Palonegro, y no era raro ver a la gente haciendo fuerza como para hacer subir el avión. Margarita cuenta que una vez vio perderse un avión en la hoyada de la Rosita y volver a salir al golpearse o esquivar los chulos de las curtiembres de Campohermoso.
Los niños gozábamos viendo prender los motores de hélice de los DC-3 de Avianca y Taxader, con unos auxiliares que apuntaban hacia el tartamudo motor radial un raquítico extintor.
De igual manera miraban fascinados las pistolas de señales que se veían en las puertas de las avionetas Beaver de Aerotaxi. Y si se podía, a meterse al hangar para verlos de cerca. Hoy este está transformado en el Coliseo Edmundo Luna .
La meseta de Bucaramanga está limitada al oriente por los cerros que forman la Cordillera Oriental. En un primer plano está la colina de la Cabecera del Llano, originalmente rematada por la Casa del Diablo y hoy oculta por las miríadas de edificaciones. Al norte de la colina de Cabecera y sobre la misma formación está el cerro de Morrorrico, entonces centro de peregrinación. Al costado sur y en un plano posterior el Cerro de Pan de Azúcar. Al fondo el alto de los Padres, el Pico de la Judía y el fondo ocasionalmente el Picacho.
La meseta limita al sur con la hoyada de la Quebrada de la Iglesia, y luego otras mesetas escalonadas que forman la zona del Diamante y el Tejar. Sobre el cielo de este terreno, se encontrarán las trayectorias convergentes de las dos aeronaves. El Hiper DC-3 HK-118 y la Piper HK-922P.
Aunque hay muchos supuestos testigos que afirman haber observado la colisión, las versiones son tan distintas que lo único que se puede deducir es que no todas las versiones son ciertas. Se puede decir que los lugareños nunca se acostumbraron a los aviones y siempre que sentían un avión lo buscaban con la mirada. Pero en una región en la que la gente le encanta hablar carreta… Hay versiones distintas de trayectorias, y como nunca se conoció la versión oficial o el resultado de la investigación, todo lo que se diga puede caer en el terreno de la especulación.
Por los sitios de impacto se puede intuir que venían más o menos del sur, que la colisión fue entre los que hoy es el Tejar y el Barrio la Floresta.
Lo cierto es esa mañana, mientras medio dormitaba sentí el sonido del avión y luego el volumen del ruido de los motores se escuchó en un rugido que aumentaba de tono e intensidad hasta que se apagó súbitamente. Con mi hermano salimos a la terraza y vimos la columna de humo que se levantaba desde detrás del Cerro de Cabecera. En esas llegan afanados de la calle la madre y hermanas. Angustiadas cuentan que venían por la calle 48 y vieron al avión girar sobre si mismo y caer. Que desde allá les pareció que había caído sobre la casa. Bueno, la casa está a mas de un kilómetro de Pan de Azúcar. Y que rápido que acompañáramos a papá hasta Terrazas en donde vivía el jefe de redacción de un periódico local. Nos pusimos la ropa sobre la pijama y nos enrumbamos hacia el Barrio Terrazas. No éramos los únicos…
En la cabina del DC-3, probablemente los pilotos no se dieron cuenta del peligro hasta sintieron el golpe y que el avión perdía estabilidad y el piloto al ver que caían trató de compensar acelerando los motores. En menos de un minuto se dieron cuenta que iban a estrellar y no había nada que pudieran hacer. Nunca se sabrá que sucedió en la sección de pasajeros durante esos escasos segundos, pero debieron sobresaltarse por el ruido de los motores y el inicio de la maniobra más fuerte que los vacíos habituales de esos aviones. En la avioneta se cree que el piloto con la visión obstruida por el morro sólo hasta el último segundo vio el avión. Y la caída y pérdida de control fue más rápida que en el avión, por eso se cayó cerca de 800 metros del avión. En esa época por la proximidad del aeropuerto, y a la ausencia de edificios era habitual, ver volar bajo a los aviones, probablemente a menos de 400 pies. Por eso muchos no observaron el choque, y sólo hasta que escucharon acelerar los motores buscaron con la vista el avión, y algunos si lo vieron en los últimos instantes.
Antiguo Aeropuerto Gómez Niño, años 60s.En al automóvil acompañamos al padre hacia el Barrio Terrazas en busca del jefe de redacción, afortunadamente buscamos la calle 56 por la 33, ya había trancón por la Circunvalar, (la vía que ahora lleva a la UNAB), por el camino con la mano derecho volteándola palma arriba nos explicó como había visto voltear el avión. Nosotros sólo lo habíamos escuchado. Entramos a Terrazas, y yo pensaba que debíamos haber seguido derecho por la nueva vía que llevaba al Jardín. Recogimos a Don Próspero, el jefe de redacción y dimos la vuelta por la parte alta de terrazas la carrera 48, ahí dejamos estacionado el carro y seguimos a pie por la loma. En lo alto de Pan de Azúcar, ya había aterrizado un helicóptero de una petrolera. Falda abajo estaba el avión, aún salía humo y el olor. Un impresionante olor que impregnó la zona hasta la llegada meses después de la temporada de lluvias. Desde este sitio privilegiado no se veía nada. Esa parte no la pudieron acordonar. Miré hacia el occidente, hacia el Instituto Caldas y se veía bajar cantidades de gente por el desfiladero que alguna vez nos sirvió para jugar a Tarzán colgados de las lianas. Había pocos fragmentos de avión y un reguero de carga. Y miles de páginas sueltas de la Historia Extensa de Colombia que había sido publicada recientemente. La magnitud de los destrozos solo la pude apreciar el lunes siguiente cuando acompañado de unos compañeros, después de la salida del Colegio, fuimos a ver el sitio del accidente. Aún había gente escarbando los escombros.
Allí comentaron sobre la otra nave que había caído al otro lado de terrazas, me despedí de los otros, y baje por la vía que llega al cerro, casi hasta el sitio del choque y entre la multitud observé a los primeros vendedores ambulantes: Raspados, chuzos, mazorcas, boge, chicharrón y crispeta. Y todo en medio de ese olor que no se olvida. El fondo de la vía principal de Terrazas se veían los uniformes naranjas de la Defensa Civil, allí no había casi gente, sólo un desfile de personas que pasaban por el caminito que entraba al potrero de lo que hoy es el Barrio la Floresta, allí algo más allá de los restos de una cerca de tapia pisada, cerca de donde solíamos jugar con los primos estaba el tumulto observando la avioneta. No se había incendiado. Me acerqué y ahí se veían los restos. Era la primera vez que veía un muerto. Iba a empezar a salir impresionado por la visión, cuando alguien dijo: “mire sobre la piedra, son los sesos”. Me aparté un poco, me recosté contra el muro de tapia y en esas vi que llegaban unos vecinos con unas sábanas blancas y los socorristas en ellas envolvieron los restos fracturados. Me fui para la casa. Ese día se almorzó tarde y me sirvieron muslos de pollo. No pude almorzar…
Fuente original:
http://pensamientoplano.blogspot.com/20 ... chive.html